15 de agosto de 2015

El vestíbulo

Cerrando las puertas al viento vacío,
que golpea y rompen ventanales ajenos.
Parando el tractor de marcha y hastío,
de rutina envejecedora del propio corazón.
Tapando mis oidos al ruido cercano,
dejando que derritan mi piel con veneno.
Cerrando la boca con dientes chillando,
tragando gritos, sin romper lo destruído.

Me digo, me pienso, me escribo, me guardo
rencores pasados, presentes y futuros.
Lleno el papel blanco de letras sangrando,
que el tiempo olvidará en mis propios ojos.
No entenderé palabra a palabra
esta cárcel de dolor atrapado.
Estaré viajando en el viento vacío,
estaré en el tractor de rutina y hastío,
cosechando lo poco que con él se labra.

Y el grito guardado en el corazón,
digerido, masticado, o peor: acostumbrado,
no escapará a la conveniente razón,
tampoco al veneno que corroe sin frenos
mis ganas de pelear, mis ganas de estar
mis ganas de no caer, mis ganas de ser.
Y es que todo parece tan en vano,
tan imposible como en vano.