17 de julio de 2015

Instantes presentes

... Instante.

... Instante.

... Instante.

Pasan muy rápido.

... Instante.

Devorando todo a su paso.

Como un tsunami hambriento de todo este tiempo perdido y negro.

... Instante.

Lava fatalmente toda esta inmundicia.

Sólo deja espacio para lo nuevo.

Instantes.

Y yo dejo que me lleve a mis lugares favoritos.




15 de julio de 2015

Hay que seguir, hay que pelear

La energía y la voluntad están en uno mismo.
Cuando ya no queda energía, queda voluntad.
Cuando ya no queda ni energía ni voluntad, queda el autoconsumo.
No hay excusas para echarse atrás, en ningún sentido de la vida.
Hay que seguir.
Hay que pelear.



13 de julio de 2015

Un lunes como hoy, a esta hora, el tiempo se congeló.

"¿Por dónde empezar? No. Sin mi espacio no sos nada.

Por donde yo quiera, eso es lo que me diría habitualmente. Vive cada segundo como si fuera el último, porque realmente puede serlo. Si, eso ya lo aprendí bien. Fantasía. Corre lo mas rápido que puedas.

¿Pero qué es lo que quiero? Carroña. No podrás abarcarla.

Una voz me dice que ordene mis pensamientos, otra me dice que cuente mi historia desde el comienzo, y otra me dice que estoy perdiendo el tiempo. Luz. Luz. Luz. Luz. Luz. Luz. Luz. Luz.

Aquí estoy al borde de un barranco, sentado, fumando un Marlboro Light, contemplando un mar congelado. Solo escucho el ensordecedor silencio, como un pitido constante, que ya no molesta y que solo oigo al esforzarme. Fuego. Mis huesos arderán poderosamente.

No estoy loco, no. ¡Por suerte no! Soy yo, todavía. He ganado y tengo bajo control a mis otras voces. Aprendí a no soltarlas, a dejar que se expresen a través de mi. No son libres, excepto cuando yo quiero que lo sean. En aire. Lo que llamas alas yo llamo canto.

Aunque sí; es verdad, se sueltan solas por momentos, y es por ellas que disfruto caminar desnudo por las avenidas, frotándome contra lo que se me antoje, y me divierto prendiendo fogatas con billetes y muebles caros... por decir cosas que hice hace un rato. Me llama. Voy a ti, sin parar, sin pensar.

Pero hoy no me pueden ayudar. Hoy soy yo el que debe definir su futuro. Tal vez esta evidencia no debería caer en manos de cualquiera, de hecho sé que lo mejor es que nadie sepa qué fue lo que ocurrió. Suponiendo que en algún momento todo vuelva a la normalidad. Cosa que no es segura, nada segura. Pero como siento esta necesidad de contarlo, aunque sea para mi mismo, lo voy a hacer. Voy a contar lo que he hecho desde un comenzó. Voz. Soy yo.

Comenzando por un lunes como hoy, a esta hora, cuando todo se congeló. Literalmente todo, excepto yo. Viene. Unidad al fin. Diablo libre."



Encontré este texto escrito en dos hojas amarillentas y deterioradas, en una gruta cercana a Villa Victoria, Uruguay, el 10 de mayo de 1988.

Allí había restos de mas papeles que parecían quemados o destruidos por el paso del tiempo. Los únicos legibles eran estos dos, que aún conservo conmigo.

Lo expongo hoy, ya no como "evidencia", sino como cuento de ficción, dado que nadie creyó mis palabras en aquel entonces, y he asumido que nadie las creerá. También me limito a no exponer mi teoría -que creo acertada- en la que el causante del desastre de 1944, no fue realizado mas que por una persona.


          F.B.O.





8 de julio de 2015

Lo alto

Aguantá el año agresivo.
Subsistí que viene el cambio.
Para mejor, el equilibrio.

Aguantáme que tiempo hay, vos.
Leéme mirandote al mismo tiempo, vos.
Creéme y curate con el brillo, vos.

De sur a norte atravesaré el portal.
Verás mi alma desnuda y contradictoria.
Olor a nuevo tendrán las horas.

Los velos caerán y desnudos bailaremos.
Desafiantes de todo lo viejo y lo presente.
Danzaremos en la cima del templo a crear.



3 de julio de 2015

Impotencia

¿Como describir lo que siento? ¿Como hacerle entender a alguien lo que pasa por mi cabeza?. Creo que con palabras como dolor, angustia, rabia e impotencia debería bastar. Pero no alcanza. Tampoco es que resuelva el problema diciendo que siento un poco de cada cosa, o todo junto a la vez, porque no es así. Yo no soy escritor, nunca se me había pasado por la cabeza escribir, pero en este instante es mi único deseo, para poder desalojar el monstruo que guardo dentro, el monstruo que no se describir. Necesito sacarlo fuera y así esperar la muerte preparado.

Si tan solo pudiera escribir...

Tal vez la mejor manera seria contando lo que me pasó, o lo que creo que me pasó. Para empezar debería decir que siempre fui un niño con suerte. Desde pequeño todo parecía ser feliz, mis padres me daban todo lo que yo quería encaprichadamente y siempre pedía mas. Era el típico hijo único de familia acomodada, caprichoso y egoísta, el que se burlaba del feo, el que salía con la chica mas linda. Nunca creí que ser modesto era lo correcto, por eso creo que es justo decir que era lindo y que por eso tenía a la chica que quería. O tal vez era mi dinero lo que las llamaba, quizás las dos cosas. También tenía muchos amigos, supongo que tenía facilidad para hacerlos reír, el caso es que era el centro de atención en el grupo de amigos en que estuviera. Eso, por supuesto, hizo crecer mi ego y mi arrogancia.

Con el tiempo me di cuenta que estaba mal molestar a alguien porque fuera mas tonto, mas feo o mas gordo que yo, pero no pude evitar seguir haciéndolo, porque necesitaba de la atención de los demás, se había convertido en una droga para mi. Algo que no controlaba, y algo que me hacia sentir bien. Necesitaba el poder de la aceptación, y ahora me avergüenzo al admitirlo.

Igual en este momento no importa. Porque lo que marcó mi vida, lo que me puso en la situación en la que estoy hoy, fue una circunstancia casual. En otras palabras, tuve mala suerte. Es como si para compensar toda mi fortuna algo malo y desgraciado tuviera que pasar. Hoy, todavía, trato de recordar como fue que ocurrió, trato de revivir los detalles de ese día, y de esa escena sangrienta, pero en vez de encontrar alivio y paciencia para seguir, siento como si rascara con mis uñas una herida abierta, que en vez de sanar, se agiganta más y más. De todas maneras me voy a esforzar y describiré ese día tal como lo recuerdo, aunque eso me fastidie aún más por ser tan injusto y por dejarme tan impotente ahora.

Aquella mañana desperté desorientado, abrí los ojos, levante la cabeza, me incliné hacia el costado de la cama y vomité. Incluso después de terminar me sentía horrible, parecía que mi cerebro y mi estómago fueran a explotar. Era una de las peores resacas que recordaba. Estaba completamente exhausto y confundido, así que me giré para seguir durmiendo y entonces la vi. Era la vecina de enfrente, y no logré recordar nada de lo que había pasado la noche anterior. No entendía porque estaba desnudo durmiendo con una mujer que me doblaba en edad.

Asqueado y aún más confuso que al despertar, traté de salir de la cama sin que ella se despertara, pero tuve nauseas y tropecé. Caí sobre un espejo enorme que se partió en mil pedazos y me abrió la piel arriba del codo. En ese momento descubrí que esa zona del cuerpo sangra mucho, que no estaba en mi casa, que tendría que pagar un espejo carísimo, que se despertaría la fea mujer y que tendría que explicarle que todo había sido un error. Me senté en el piso chorreando sangre, abrumado por la realidad que se había agolpado en mi cabeza, y aunque me avergüenza decirlo, no pude evitar orinarme encima. Recién en ese instante me sentí un poco mejor, más consiente. Levanté la vista y sin pretenderlo mire la hora, tendría que haber entrado a trabajar hacía dos horas. Luego miré la cara ojerosa de la vecina y comprendí que ese iba ser un mal día. Lo que no sabia es que iba ser el peor de todos.

Media hora después salía de la casa con mucho dolor de cabeza, el brazo vendado pero aún sangrando y el ojo hinchándose por el puñetazo que me pegó la mujer. Decidí irme directamente a trabajar, iba a tener que soportar las bromas de los compañeros que me odiaban y eso me enfureció más. Es que no estaba acostumbrado a tener que soportar tantos problemas juntos, ya era demasiado lo que me había sucedido. ¿Que más me podía pasar en un solo día? Me acuerdo que iba pensando eso mientras cruzaba las calles apurado.

A partir de este punto mis recuerdos se vuelven intermitentes. Hay cosas que vagamente recuerdo, otras con más detalles. El sol.., si el sol me estaba sofocando, no había sombra por ningún lado, yo traspiraba y sentía mi hedor, pero ¿porque estaba caminando?... yo iba siempre en ómnibus al trabajo.. no recuerdo bien eso. ¿O si?, me acuerdo que antes estaba en la parada, y un viejo que pasaba me dijo altanero que ese día no había transporte, que había huelga. Después me siguió hablando, discutía conmigo sobre lo mal informada que estaba la juventud, y me gritaba mientras yo empezaba a alejarme... ¡Qué enojado estaba yo en ese momento! Seguí caminando pero pisé una baldosa floja y mi tobillo se torció. Ahora iba rengueando, sangrando y transpirando por el sol que me daba de frente... Trataba de apurarme por lo que no vi la luz roja... solo miré a la izquierda para cruzar pero era tarde... ahora puedo recordar la cara del chofer del ómnibus, que seguramente venia Expreso por el paro... Me miró haciendo un gesto estúpido, como entreabriendo la boca...

Después de eso solo recuerdo 3 sensaciones, nada mas. La bocina retumbando estridentemente en mis oídos, como un zumbido que crece de golpe. Los pinchazos profundos en las costillas y en las piernas, junto al crujir de mis huesos. Y como una picazón en la cabeza, provocada por el rebote que dio contra el metal del vehículo y el asfalto.

No sentí el dolor por mucho tiempo y después vino la negrura que todavía me rodea. Fueron dos segundos y me duele recordarlos aun hoy. Tal vez pasaron años del accidente, en realidad se me hace imposible recordar cuanto tiempo hace que estoy así, porque el golpe en la cabeza me dejó parapléjico. No puedo sentir nada, estoy ciego y sordo, soy incapaz de moverme y perdí el sentido del tacto. Estaré confinado en mi mente hasta el día en que muera, si es que todavía estoy vivo. En todo caso no es algo que pueda controlar.

Creo que decirme a mi mismo todo esto debería desahogarme, debería ser un alivio. Pero no lo es. Trato de imaginar donde está mi cuerpo, pero es algo inútil, no me provoca satisfacción imaginarme en este estado, así que prefiero imaginar otras cosas. Por ejemplo imagino que escribo sobre lo que me pasó, que la gente me escucha y que yo me siento mejor. Pero no es así. Sigo estando en la misma oscuridad de siempre, sintiendo lo mismo, y todavía no se describirlo. ¿Acaso bastara dolor, angustia, rabia e impotencia?




1 de julio de 2015

Caen copos

Lentamente caen copos
enfriando mi cara perdida
mi mente cargada
de rojas intensiones.

Lentamente caen copos
enviados por un ángel
que jugando inocente
los dejó caer aquí.

Lentamente caen copos
como antídoto Perfecto
a mi barro mundano
fétido e invernal.

Lentamente caen copos
y me olvido de tu olvido,
de mi suerte sin suerte
y de mi roja ilusión. 



28 de junio de 2015

El turno

Era noche cerrada y yo seguía esperando, cruzado de brazos con los ojos en el camino. Desde mi silla mecedora acumulaba alcohol en las venas, sangre en los ojos, esperando... esperando. Esperándola. Horas pasé frente a la ventana, siglos enteros con los ojos fijos en el camino, en el caminito de piedras de la entrada. Con tanta dedicación habíamos construido este hogar, ladrillo a ladrillo, habíamos plantado las semillas que crearían este jardín hermoso, geranios, petunias, hortensias y en el centro, el caminito hecho con piedras pulidas, hermosas piedras que elegimos una tarde ya lejana, lo atravesaba como un puente que nos llevaba del gris y rutinario mundo, al mundo de fantasía que habíamos creado. 

Estos pensamientos eran una nube en mi cabeza, recuerdos felices, llenos de amor y compañerismo, de arduo trabajo, y ahora, ahora venía la tormenta. Como cuando el viento viene cargado de electricidad y trae nubes negras, llenas de agua y odio. 

Relámpagos estallaron en mi cabeza, ¡La vi! ¡Yo la vi! No hay forma de evitarlo. Sé lo que vi. Era un tipo alto, tenía bigote, tenía corbata. Vi sus asquerosas manos sobre las de ella. No podré olvidar nunca sus miradas eléctricas, su abrazo apretado, tan apretado para ser amistoso. Pura ¡Pura! Yo creía que era pura, y no era cierto. Desde la vereda de enfrente yo iba a sorprenderla, iba a agitar mis brazos frente a la puerta de su trabajo ¡Yo iba a abrazarla! ¡Yo iba a besarla! Por suerte no la besó, por suerte. Pero ese repugnante contacto me bastó, me fui sin ser visto.

Luego viene la nube negra, la siento en mis pensamientos: yo soy su hombre, yo soy su hombre... Ella es mía, mía, de nadie más... ella era mía... 

Sigo hamacándome en mi silla, la sigo esperando, no puedo más. ¡No! ¡No puedo! Atrevida, me quiere hacer creer que está con su amiga. Pero no, yo sé la verdad, la intuyo, la siento como un fuego que sube desde mi estómago, está con él. Está con el y la tormenta se viene. Empiezo a escuchar las ráfagas sibilinas, se mezclan con mi huracán interior, pero estoy decidido: prefiero sentir culpa a sentir celos. Esta noche se arregla todo. Ya está empezando a llover. Siento un rayo caer cerca. Ella viene apurada por el camino... Es mi turno.



24 de junio de 2015

Adecuación para el camino

Pocas palabras grises quedan. Desintegración.

Caen mis fragmentos con cada pisada que doy; parecen escamas viejas que señalan el camino y la muerte. 

Me despedazo constantemente, tiendo a cero y un segundo antes de que nada quede de mi; la energía explota.

Volcán plutónico. Sinapsis química; activa la mente; activo el cuerpo. Energía planetaria, universal, unitaria; no es posible controlarla; marca y sigue su camino por si misma.

Lo recuerdo una vez mas y cambia la intensidad de mis pisadas. 


21 de junio de 2015

Después del golpe, nuevas cosas

Antes de llegar a la adultez sufrió uno de esos golpes que la vida tiene preparados desde nuestro nacimiento. No viene al caso lo que provocó el golpe, sino las consecuencias. En efecto, la metamorfosis que lo llevó a transformar su mente adolescente en la de un hombre grande, comenzó el día en que acurrucado en su cama, tapado con todas sus frazadas sintió un profundo dolor. 

Una puñalada constante en el pecho, una implosión catastrófica desatándose en su interior era lo que sintió, aquella, la noche mas larga que había tenido.

Con el corazón y la mente desarmada miró hacia un costado. La habitación reflejaba su estado, botellas con nombres raros tiradas en el piso, papeles y ropa arrojados por todos lados, que junto al olor a encierro y los grafitis rocanroleros que había hecho tiempo atrás, conformaban un escenario dantesco. Allí, próxima a la puerta estaban las latas de pintura en aerosol. Con ellas había adornado muchas esquinas, muros y paredes, había dejado frases en lugares estratégicos, y ahora, esas latas eran su salvación, como siempre habían sido.

Luego miró hacia adentro y vio que brotaba de entre enredadas raíces negras, un haz de luz. Era la fe y la esperanza. 

Supo que allí, en ese momento, en ese lugar, había un final, y que después de todo desenlace, vendría un nuevo comienzo. Así que decidió dejar salir al monstruo. Esa noche, la más larga que había tenido, salió, a pesar del terrible frío de la calle y se dirigió al cementerio. En el muro que daba hacia la avenida grafiteó lo siguiente: 'COMIENZO Y FINAL: SOLSTICIO DE INVIERNO DE 1973' y más abajo 'TODO ESTÁ PERDONADO'.

Con lagrimas en los ojos contempló las letras, el sol estaba saliendo. Ese 21 de junio su carga se alivió y quedó espacio para nuevas cosas.



15 de junio de 2015

Los sueños locos

La extraordinaria idea surgió de +Ana Lía Rodríguez en +Relatos Extraordinarios y consistía en compartir micro cuentos relacionados con el mundo de los sueños. Vale la pena leer la participación de todos, realmente quedó muy bueno.

El resultado del desafío está aquí



12 de junio de 2015

De la pecera al mar

Para Boddah:

Ojalá tuviera una máquina del tiempo para enmendar mis errores y mitigar esta culpa. Ojalá fuera cierto que el tiempo cura todas las heridas, no, no funcionó conmigo. Ojalá estas venas no estuvieran abiertas, pero lo lamento, he fallado. Por último, espero que estés equivocado, que la muerte sea eterna y no exista el Karma. 

No, no quiero que existas.



5 de junio de 2015

Mirando los ojos del perro

¿Qué describir?
Otra hoja en blanco
otro vómito gris
o al corazón ennegreciendo.

¿Qué importa?
Nada, se sabe bien.
Nada se sabe bien.
Nada sabe bien.

¿Qué hacer?
Acción e inacción
dan lo mismo,
saldo negativo.

¿Qué quiero?
El entonces cotidiano
salirme de esta piel
o la mezcla justa.

¿Qué puedo?
Lo que quiera, me diría.
Pero me digo que no sé
Estos hombros están cansados.

¿Qué intuyo?




30 de mayo de 2015

Hoja en blanco

Una hoja en blanco
espera por la tinta
de una pluma incomodada
que se decide por el mar,
la luna y un reloj de arena.

Algo caótico va manchando
el silencio de oro puro,
la metáfora se enreda
hoy la playa está revuelta.

El mar no tiene miedo,
el miedo va hacia él,
absorbe las mareas
y las tira digeridas
a las costas, al papel.

Algo caótico va manchando
el silencio de oro puro,
cuatro labios bien pegados
de dos en dos,
de dos en dos se gritan,
se gritan apretados.

Algo nace en la tormenta,
un relámpago de luz blanca,
se confunden los renglones,
se pierde, no se nota,
no se olvida, pero no se forma.

Y en el caos imperceptible,
las arenas mezcladas
con piedras preciosas,
pepitas de oro,
revueltas por el mar,
llegan a la playa,
y yo las escribo.



25 de mayo de 2015

Eh

Es bastante simple, aunque yo no lo soy.
Se amontonan como trapos vomitados
palabras sucias, sonidos blandos
quiero decirlo todo a la vez.
Pero solo me sale un sonido
monótono, gris, simple
parecido a un "Eh".
Un "Eh" muy simple, aunque yo no lo soy.

Y no me basta.
Y me angustio.
Y siguen acumulándose los trapos otra vez.
Y todo se repite.
Y no me basta.
Y no me basta.
Y no me basta.





23 de mayo de 2015

Creeme.
Believe me.
Believe me when i'm saying it
I'm not gonna write today.
Hoy no voy a escribir.
No, no voy a escribir nada hasta el lunes.
Hoy no, hoy no escribo nada.
Que quede bien claro.
Nothing.
Nothing at all.
Mañana tampoco, el lunes.
El lunes escribo.
Hoy no.
Not today.
Hoy, no.
Believe me.
Creeme.



19 de mayo de 2015

Silencio

¿Qué decir cuando hablan todos
y graznido o silencio da igual?
¿Qué oír cuando hablan todos
como tercas bestias sordas?
¿Por qué quedarme en este santuario
de dioses inhumanos,
enfermando de vanidad y soberbia?
Revolcándome en lo predecible.
Cayendo en la fosa común.

¿Qué limites traspasar?
¿Qué limites defender?
¿Qué esperar?
Cuando nada viene.
¿Qué pelear?
Hasta la misma muerte.

Vuelve a mi esa única opción
Ese viento de mar furioso
que sacude al glaciar y lo hace espuma.
Con grito y signo de exclamación.
Vuelve a mi y respiro.
Porque sé que estoy vivo.
Porque floto aferrado
solo a esta incertidumbre
de liviana madera
en un frío mar lejano.



2 de mayo de 2015

Encantador



Son por acaso ustedes, hoy un público respetable?
Pueden acaso beber el vino por ustedes envasado?
Puede alguien decirme? me voy a comer tu dolor!
Y repetirme - voy a salvarte esta noche!

Que el infierno está encantador
Este infierno está embriagador!
Esta noche está encantador!
Tu infierno está encantador, esta noche!

Por qué no dejás de pensar
En labios que besan frío?
Para cerrar un ojo y ver
Cuántos cuernos tiene el diablo
Puede alguien decirme? me voy a comer tu dolor!
Y repetirme - voy a salvarte esta noche!

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota:
El infierno está encantador esta noche

https://www.youtube.com/watch?v=mGDOtzeapRI

24 de abril de 2015

Caída en la avenida

Como siempre suele ocurrir, son las desgracias, las cosas feas, las que nos hacen cambiar; mutar en mejores o peores, nos dan la posibilidad de crecer o empequeñecer, y es que siempre que ocurren, algo podemos aprender de ellas.

Parece que fue ayer cuando pasó lo que les voy a contar, aunque hace años que ocurrió. Imagínense, iba camino a la escuela, así que fue hace un par de siglos. Fue en ese entonces cuando tuve la brillante idea de ayudar a un ciego a cruzar la Avenida Vladimiro Rojas. 

Yo era un niño tímido, pero valiente (pregúntenle a la vecina que tenía un perro llamado Goliat, a ver que les cuenta) y siempre que podía demostrarlo no dejaba pasar la oportunidad. Esa mañana, como les decía, iba camino a la escuela cuando con una expresión hidalga en la cara, ayudé al ciego y cuando llegué al otro lado ya estaba completamente decidido a dar un paso más y convertirme en un superhéroe, para combatir el mal y ayudar a los más necesitados. 

Esa misma tarde luego de la escuela, me dediqué a lo que creía fundamental en la transformación heroica de mi ser: hacer el disfraz. Con una tenacidad supersónica, propia del entusiasmo infantil, me dediqué primero al antifaz, hecho con una cartulina negra y un elástico pintado del mismo color, luego me infiltré sin ser detectado en la casa de mi abuela, que vivía en la misma calle y "tomé prestada" una cortina roja, roja furiosa, la cual se convirtió en mi capa. Después me sumergí en una búsqueda en las profundidades de mi ropero, hasta que encontré mi pijama viejo. Me quedaba chico, muy ajustado, pero me sentí tan poderoso como se sentirían los héroes en los comics, con esos trajes pegados al cuerpo.

El pijama era blanco con dibujitos de cohetes (de los espaciales) y estrellas, por lo que cuando me vi al espejo con el cinto de mi padre, los guantes rojos de lavar los platos, de mi madre y mis botas de lluvia, sumadas a la capa y el antifaz, era evidente que desde entonces sería Rocket Man. El Hombre Cohete. Capaz de volar a la velocidad del sonido y hacer explotar  con los rayos laser que salían de mis ojos a todos los villanos que me encontrase.

Esa misma tardecita, decidí ir a visitar a mi mejor amigo que vivía a pocas cuadras. Con mi disfraz puesto y mucho coraje, llegué a la esquina y al ver a un ancianito que llevaba bastón, me dirigí solemnemente a cumplir mi primera misión. Le pregunté al viejito si quería que lo ayudase a cruzar, a lo que respondió con un "¡Oh! ¡Si! ¡Un Superman!". "No señor, yo soy Rocket Man" le dije respingadamente y esperamos la luz verde. 

Cuando el semáforo cambió empezamos a cruzar, pero en la mitad de la avenida, el abuelito trastabilló y el bastón cayó al piso. Él afortunadamente se mantuvo en equilibrio y yo en un gesto de heroicidad me agaché para levantar el bastón, pero algo salió mal. Fue en ese momento que sentí un ruido de tela rasgada y mucho aire en mi trasero; era el momento de la derrota llegando a mis espaldas.

Este tipo de vergüenzas son siempre amargas, más aún en este caso, porque a la vista de todos los automovilistas quedó expuesta mi vulnerabilidad, mi verdadera identidad humana, tan convencional como cualquier otra. Por lo que fue así camaradas, que llegó el fin de Rocket Man. Fue un golpe duro, pero puedo decir que fui  superhéroe por un día.




18 de abril de 2015

Levando anclas


En Nápoles conocí a una hermosa griega, y juntos viajamos a Andalucía, pues queríamos conocer el Tajo de Ronda malagués. Fue allí que decidimos viajar a América y en Buenos Aires nos quedamos. Nos casamos y encargamos un bebe a una loca cigüeña que pasaba, pero por esas cosas de la vida, nació en Montevideo. Allí, frente a la rambla, vivimos muchos años hasta que nuestro Carlitos se independizó, fundó una empresa de viajes, "Ecotour" y nosotros decidimos continuar nuestro camino. Estuvimos en Nueva York, Liverpool y luego Kiev, y allí permanecimos.


Fue en esos años en que nuestro hijo Carlitos viajó por todo el mundo, y en breve tiempo conoció el doble de ciudades que nosotros. Pero Kiev le seguía quedando pendiente, tal vez porque una aguja le pinchaba el corazón cada vez que pensaba en sus padres, tal vez porque no fuimos los típicos papás anclados a la rutina y el hastío que él, a pesar de todo, podría esperar.


Igualmente algo ha cambiado en él, y vendrá a visitarnos esta semana. Estamos algo nerviosos, porque nos dijo que quiere quedarse aquí, con su familia, pero nosotros ya estamos planeando el próximo viaje.





11 de abril de 2015

Signos vitales


Signos vitales es una recopilación de relatos, en donde cada signo está representado en un cuento corto, a mi subjetivo criterio. Son historias que no buscan ser espirituales, moralistas o ni siquiera filosóficas. ¡No buscan nada! Solo ser y con suerte dejarles algún sentimiento. 

Espero que les guste.
http://recordedreams.blogspot.com.uy/search/label/4.%20Signos%20vitales




4 de abril de 2015

Paredes y espejos

Un día Ernesto escribió un libro y el personaje de ese libro era escritor y le pasaban muchas cosas que a Ernesto también le habían pasado y estaba escrito con el corazón y cuando lo terminó se sintió bien.

Ernesto no era escritor, pero escribía. Había momentos en que sentía una presión como ajena y cuando quería acordar estaba con su cuaderno inventando historias y personajes, pero la mayor parte del tiempo hacia otras cosas y con sus historias no hacía nada, quedaban fríos en sus cuadernos. Era pintor de paredes, tenía un perro y le gustaba comer fideos con queso, de su vida no había mucho más que contar, hasta que llegó una mala temporada. Llovía mucho, había mucha humedad, no se podía pintar afuera y por eso pasaba mucho tiempo solo en su pequeña casa. Ya las paredes vacías comenzaban a reflejar su blanco hastío, cuando en una película algo se movió dentro de él. La película que Ernesto vio esa noche se trataba de un escritor, un perdedor que había escrito un libro exitoso pero que luego de 20 años no había escrito nada más porque no había vivido nada más. Se sintió identificado, y la vacuidad que sentía el personaje se fundió con la de él. Cuando la película llego a un nudo y a un final y terminó, el también llegó a un nudo, a un final y terminó.

Eran las tres de la mañana cuando apagó la televisión y terminó con su vida. Murió alegóricamente, dejó detrás su cascara hueca y salió a la calle. Allí se encontró con la vida. Estaba en la esquina a pocos metros de su casa, con forma de mujer. Ella lo miró y él se acercó. Le dijo que no tenía plata pero que solo quería salir a pasear con ella. Ella le respondió que no, porque estaba trabajando, pero que venga al mediodía que lo iba a esperar. El hombre deambuló por la ciudad como un fantasma borracho, se hizo la mañana y el mediodía y allí estaba él, en la esquina de su casa, esperando por su compañera, que nunca llegó. Con su soledad agigantada volvió derrotado y con sueño a su pequeña cama. Se durmió y soñó con niños que leían sus cuentos y le decían que querían ser escritores, como él.

Cuando despertó se puso a escribir, pero tardó 20 años en escribir un éxito y después murió. Pero he aquí que el éxito que escribió lo hizo famoso en todo el mundo y un día hicieron una película basada en su libro, y el actor que interpretaba el papel principal, el del escritor que quería publicar un éxito, se identificó mucho con el personaje, porque él también quería ser famoso. Su actuación fue memorable, y aunque nunca volvió a actuar a ese nivel, ni ha recuperado la fama que logró con la película, su papel le dio vida a la película, un brillo especial. Ese brillo fue el que inspiró a volver a escribir a una mujer que hacía mucho tiempo que no escribía y no era famosa, y no quería serlo. De hecho la mujer se sentía muy sola y volver a escribir la llenó tanto, que murió feliz, alegóricamente, por supuesto.


Claro que los poemas que escribía esa mujer, debieron ser editados, debió ser famosa, pero lamentablemente el resto del mundo se perdió de sus rimas. El punto es que la mujer soltó su cascara hueca y decididamente salió a la vida con un nuevo objetivo, conocer a Ernesto. Nunca lo encontró porque ya estaba muerto, pero en realidad se habían conocido una noche ahora lejana.




28 de marzo de 2015

Infantes

Esa tarde se vengó. Salió corriendo de la cocina y acuchilló a Miguelito por la espalda; así quedaría claro quien es el favorito del jardín y la maestra lo amaría para siempre.
¡Hoy los niños aprenden tan rápido!



22 de marzo de 2015

Y el gato sonríe

Había una vez una niña que se llamaba Alicia y vivía en el campo. Su mamá le había regalado un libro y ella lo había leído ávidamente en las tardes frescas y tranquilas de la estancia, a la sombra de un gran sauce. Los personajes eran fantásticos y divertidos; el conejo apurado, la oruga opiácea, el sombrerero loco y la reina de corazones habían empujado el límite de su imaginación y se sentía cada vez más en un mundo de maravillas. Rápidamente se encariñó con el personaje principal que se llamaba igual que ella y se dejó sumergir en las aventuras que página tras página la alejaban del aburrido mundo en el que estaba.

Una tarde, habiendo terminado el libro, la niña se quedó paseando por el prado de la estancia pateando piedritas, cantando y tocando los arboles ensimismada, hasta que de golpe se despabiló. Allí, en el suelo frente a ella, había un agujero. Era igual al que había imaginado, porque la Alicia del libro se metía en uno y era conducida al país de las maravillas en el que tantas cosas le pasarían luego.

- Es el agujero del conejo.- pensó Alicia y lentamente se acercó y vio que con esfuerzo su cabeza entraría.

Esa tarde, la niña aprendió una importantísima lección sobre la realidad y la fantasía, porque nunca más olvidó que al meter toda su cabeza en el sucio y húmedo agujero, una enorme rata de campo le mordió la nariz dejándole una cicatriz que cargó toda su vida.






14 de marzo de 2015

It's comming!

Me dijiste “¡Cuidado!” y yo me callé. Comparable al mirar de reojo al cruzar la avenida y ver un automóvil viniendo hacia mi. Rápido. Fugaz. En un segundo las conexiones condujeron electricidad y brilló la luz roja del miedo. ¡Alto! llegó tu transmisión a mi cerebro. Y me paré de puntas de pie, ojos brillando, dedos agarrados, hombros arriba.

No. Un oscuro, denso y contundente NO esparciéndose en la cabeza. El NO absorbió todo y nada quedó. Solo un vacío tenebroso, una falta total de reacción. Absolutamente nada. E imaginé espuma electrificada saliendo de mi boca.

Pasaron segundos, no. Años, décadas, siglos, milenios, eras... y yo ahí. Fijo. Pegado al aire. Oliendo la electricidad que sale de mi boca. Observando, acurrucado, la oscuridad de mi cerebro.

Lentamente algo brota, y del abismo surge un pensamiento racional. "El terror afecta mi estado físico, o prontamente lo hará si es que aún no lo ha hecho". Y sigue creciendo...
Ahora la humedad repugnante surgida del miedo al futuro cercano se extiende, y empieza a tapar el vacío oscuro, denso y eléctrico del NO original. Algo va a pasar... y saberlo racionalmente aumenta la velocidad de la invasión. El Miedo se apodera de todo.

Algo va a pasar... sé que algo terrible y humillante va a pasar. ¡Se viene la tempestad! ¡Se viene el fin del mundo!

Se viene...

Esta ahí... ahí nomás...



8 de marzo de 2015

En el borde de la cama

El tintineo volvía a despertarme, la alarma sonaba y otro día de pesada rutina me esperaba. Abrí los ojos y me sobresalte. Sentado en el borde de la cama, con su gorro verde, zapatos en punta y una larga barba blanca había un pequeño duende que me miraba muy seriamente.

Me incorporé con el corazón latiendo terriblemente y vi con terror y asombro como el pequeño duende estiraba lentamente la mano ofreciéndome su puño cerrado. Era evidente que quería darme algo y por unos segundos no supe si sentir miedo o curiosidad, pero algo ocurrió que no pude controlar; estiré la mano abierta hacia él y el duende dejo caer algo entre mis dedos. Aterrorizado y asombrado por lo que había hecho, vi como en un instante el duendecillo saltó hacia el piso y corrió hacia la puerta.

En la mano tenía un papelito arrugado que decía solamente "Ven", salí de la cama y lo seguí. Ese día no fue gris, ni blanco, o negro; fue verde.




28 de febrero de 2015

What goes around, comes around...



















“Sí, ¡oh príncipe! Aunque en tu ilusión y personal engreimiento creas que podrás eludir el combate, no escaparás de los lazos del deber a que tu karma te ata, y harás sin remedio lo que obcecado no quieres hacer.”
Bhagavad Gita

"No os engañéis. Dios no puede ser burlado. El hombre cosecha lo que siembra". 
Gálatas 6:7 (Nuevo Testamento)





18 de febrero de 2015

Piscis: A orillas del final

Ágilmente el viejo subió al ómnibus y se sentó junto a la ventanilla. El viaje era largo y el calor atrapado dentro de la lata se pegoteaba en la piel de la gente. De todas formas, por dentro él sonreía. En la ciudad había un malhumor tenso que chorreaba sudor y hedor por todos lados, y que en forma de saliva salpicaba repugnantemente la pálida piel del viejo. De todas formas, por dentro el anciano sonreía.

En el asiento de adelante había una mujer vieja que se quejaba del clima, le parecía insoportable el calor. Hablaba compulsivamente con su hija, que con auriculares puestos le contestaba, parada frente a ella, con movimientos de cabeza, para luego largar largas verborragias sobre la mala relación que estaba teniendo con su pareja, su marido le parecía insoportable. Era evidente por los tonos despectivos de las voces, que no comprendían el fundamento de sus mutuas quejas. Por eso se generaban silencios, luego de los cuales volvían a hablar solas una a la otra.

En uno de esos silencios, el viejo pudo escuchar a un hombre sentándose en el asiento de atrás, que con una voz ronca discutía violentamente por teléfono. No respiraba, insultaba y denigraba groseramente a una mujer, no paraba de destratarla, y aparentemente la mujer lo permitía, porque de no hacerlo hubiese cortado la comunicación. Largo rato estuvo vociferando groserías hasta que el hombre cortó y se dispuso a bajar del ómnibus. El olor a mugre emergió junto a él cuando se levantó del asiento, pero quedó flotando en el aire un rato más. En ese mismo asiento se sentó luego una chica, de la que el viejo pudo oír el llanto triste que vomitaba sobre su teléfono. Entre llantos ella decía susurrando "...pero yo te amo, yo te amo...", para luego continuar vomitando lágrimas.

Definitivamente era un día de esos en que la gente se contagia mutuamente su podredumbre. Demasiada podredumbre, que bajo el sol infernal del verano, genera vapores que inundan la ciudad. El viejo, inevitablemente olía y escuchaba, pero no dejaba de sonreír por dentro. Se acercaba a su destino.

El ómnibus empezó a vaciarse, el aire de mar empezó a circular y el conductor ahora apurado por llegar a la terminal en la playa, doblada furiosamente las esquinas, aceleraba, frenaba de golpe, volvía a acelerar. Cruzó las últimas calles y al fin abrió las puertas. La gente desesperadamente se arrojó hacia afuera antes que el conductor terminara de gritar "¡Destino!", mientras el viejo, tranquilamente tomó su bastón, bajó, respiró hondo y se alejó.

Caminó hacia la playa y notó que la arena estaba caliente, y que el sol hacía fuego en su piel. Lentamente, saboreando cada segundo, se acercó al agua y ésta besó sus pies. Estaba fresca. ¡Cómo le gustaba escuchar el mar!

Oía graznar cada gaviota, escuchaba cada risa de la playa, sentía cada ola en lo profundo de su ser. Su corazón latía. Emocionado y vestido como estaba se metió en el agua hasta que las olas llegaron a su pecho. Por dentro ya no sonreía, reía a gritos. 

Fue en pleno éxtasis que comenzó a oír que le gritaban "¡Señor, señor!". Dos voces preocupadísimas venían a él tan rápido como podían.

- ¡Señor! ¿Está bien, señor? Siendo usted ciego no debería ir tan profundo. -decía uno de ellos, mientras lo sacaban.

- ¡Debería estar prohibido que los ciegos vengan solos! -gritaba la voz del otro muchacho.

- ¡Son un peligro! Aparte esta playa es muy peligrosa, ¡esto no es un riachuelo, es el mar!

Mientras hablaban, los dos muchachos arrastraban al viejo fuertemente de los brazos, hacia la costa. Él salió sumisamente, aunque nadie pudo evitar que se sintiera feliz. Tenía lágrimas en los ojos, ocultas detrás de sus lentes negros pero su sonrisa estaba a la vista de todo el mundo.

Nunca había oído el mar en su vida.



14 de febrero de 2015

Prefiero no preferir

Prefiero no preferir. El tiempo dirá,
que piedra caerá sobre mi cabeza.

Atado como estoy a la vida en que nací
acepté el sacrificio hace mucho tiempo.

Entonces porqué habría de intentar
siquiera pensar, lo incambiable no cambiará.

Decido no decidir, porque no hay qué decidir.
No queda más que hacerme cargo y recibir el marronazo.

¿Tan triste te suena aceptar tu destino?
¿O el autoengaño te es más fácil?

No señor, prefiero no preferir.




7 de febrero de 2015

Burbujas

Pequeñas burbujas de aire viciado
¡Y tanto desperdicio!
Todas ellas van a dar
al baúl sin fondo del olvido.

Veo esta sangre oscura
perdida en la oscuridad
que rodea tanto desperdicio.
¡Tanto desperdicio!

Pero nada hago, inerte floto.
Observo esta manifestación
absurda, caótica, estúpida
de vida insuficiente
de tiempo insuficiente
de palitos y piedritas
que nunca jamás podrán
alcanzar.

Alcanzar.

No alcanzo.
Se elevan y no alcanzo.
Se desperdician...
Se desperdician...