23 de mayo de 2015

Creeme.
Believe me.
Believe me when i'm saying it
I'm not gonna write today.
Hoy no voy a escribir.
No, no voy a escribir nada hasta el lunes.
Hoy no, hoy no escribo nada.
Que quede bien claro.
Nothing.
Nothing at all.
Mañana tampoco, el lunes.
El lunes escribo.
Hoy no.
Not today.
Hoy, no.
Believe me.
Creeme.



19 de mayo de 2015

Silencio

¿Qué decir cuando hablan todos
y graznido o silencio da igual?
¿Qué oír cuando hablan todos
como tercas bestias sordas?
¿Por qué quedarme en este santuario
de dioses inhumanos,
enfermando de vanidad y soberbia?
Revolcándome en lo predecible.
Cayendo en la fosa común.

¿Qué limites traspasar?
¿Qué limites defender?
¿Qué esperar?
Cuando nada viene.
¿Qué pelear?
Hasta la misma muerte.

Vuelve a mi esa única opción
Ese viento de mar furioso
que sacude al glaciar y lo hace espuma.
Con grito y signo de exclamación.
Vuelve a mi y respiro.
Porque sé que estoy vivo.
Porque floto aferrado
solo a esta incertidumbre
de liviana madera
en un frío mar lejano.



2 de mayo de 2015

Encantador



Son por acaso ustedes, hoy un público respetable?
Pueden acaso beber el vino por ustedes envasado?
Puede alguien decirme? me voy a comer tu dolor!
Y repetirme - voy a salvarte esta noche!

Que el infierno está encantador
Este infierno está embriagador!
Esta noche está encantador!
Tu infierno está encantador, esta noche!

Por qué no dejás de pensar
En labios que besan frío?
Para cerrar un ojo y ver
Cuántos cuernos tiene el diablo
Puede alguien decirme? me voy a comer tu dolor!
Y repetirme - voy a salvarte esta noche!

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota:
El infierno está encantador esta noche

https://www.youtube.com/watch?v=mGDOtzeapRI

24 de abril de 2015

Caída en la avenida

Como siempre suele ocurrir, son las desgracias, las cosas feas, las que nos hacen cambiar; mutar en mejores o peores, nos dan la posibilidad de crecer o empequeñecer, y es que siempre que ocurren, algo podemos aprender de ellas.

Parece que fue ayer cuando pasó lo que les voy a contar, aunque hace años que ocurrió. Imagínense, iba camino a la escuela, así que fue hace un par de siglos. Fue en ese entonces cuando tuve la brillante idea de ayudar a un ciego a cruzar la Avenida Vladimiro Rojas. 

Yo era un niño tímido, pero valiente (pregúntenle a la vecina que tenía un perro llamado Goliat, a ver que les cuenta) y siempre que podía demostrarlo no dejaba pasar la oportunidad. Esa mañana, como les decía, iba camino a la escuela cuando con una expresión hidalga en la cara, ayudé al ciego y cuando llegué al otro lado ya estaba completamente decidido a dar un paso más y convertirme en un superhéroe, para combatir el mal y ayudar a los más necesitados. 

Esa misma tarde luego de la escuela, me dediqué a lo que creía fundamental en la transformación heroica de mi ser: hacer el disfraz. Con una tenacidad supersónica, propia del entusiasmo infantil, me dediqué primero al antifaz, hecho con una cartulina negra y un elástico pintado del mismo color, luego me infiltré sin ser detectado en la casa de mi abuela, que vivía en la misma calle y "tomé prestada" una cortina roja, roja furiosa, la cual se convirtió en mi capa. Después me sumergí en una búsqueda en las profundidades de mi ropero, hasta que encontré mi pijama viejo. Me quedaba chico, muy ajustado, pero me sentí tan poderoso como se sentirían los héroes en los comics, con esos trajes pegados al cuerpo.

El pijama era blanco con dibujitos de cohetes (de los espaciales) y estrellas, por lo que cuando me vi al espejo con el cinto de mi padre, los guantes rojos de lavar los platos, de mi madre y mis botas de lluvia, sumadas a la capa y el antifaz, era evidente que desde entonces sería Rocket Man. El Hombre Cohete. Capaz de volar a la velocidad del sonido y hacer explotar  con los rayos laser que salían de mis ojos a todos los villanos que me encontrase.

Esa misma tardecita, decidí ir a visitar a mi mejor amigo que vivía a pocas cuadras. Con mi disfraz puesto y mucho coraje, llegué a la esquina y al ver a un ancianito que llevaba bastón, me dirigí solemnemente a cumplir mi primera misión. Le pregunté al viejito si quería que lo ayudase a cruzar, a lo que respondió con un "¡Oh! ¡Si! ¡Un Superman!". "No señor, yo soy Rocket Man" le dije respingadamente y esperamos la luz verde. 

Cuando el semáforo cambió empezamos a cruzar, pero en la mitad de la avenida, el abuelito trastabilló y el bastón cayó al piso. Él afortunadamente se mantuvo en equilibrio y yo en un gesto de heroicidad me agaché para levantar el bastón, pero algo salió mal. Fue en ese momento que sentí un ruido de tela rasgada y mucho aire en mi trasero; era el momento de la derrota llegando a mis espaldas.

Este tipo de vergüenzas son siempre amargas, más aún en este caso, porque a la vista de todos los automovilistas quedó expuesta mi vulnerabilidad, mi verdadera identidad humana, tan convencional como cualquier otra. Por lo que fue así camaradas, que llegó el fin de Rocket Man. Fue un golpe duro, pero puedo decir que fui  superhéroe por un día.




18 de abril de 2015

Levando anclas


En Nápoles conocí a una hermosa griega, y juntos viajamos a Andalucía, pues queríamos conocer el Tajo de Ronda malagués. Fue allí que decidimos viajar a América y en Buenos Aires nos quedamos. Nos casamos y encargamos un bebe a una loca cigüeña que pasaba, pero por esas cosas de la vida, nació en Montevideo. Allí, frente a la rambla, vivimos muchos años hasta que nuestro Carlitos se independizó, fundó una empresa de viajes, "Ecotour" y nosotros decidimos continuar nuestro camino. Estuvimos en Nueva York, Liverpool y luego Kiev, y allí permanecimos.


Fue en esos años en que nuestro hijo Carlitos viajó por todo el mundo, y en breve tiempo conoció el doble de ciudades que nosotros. Pero Kiev le seguía quedando pendiente, tal vez porque una aguja le pinchaba el corazón cada vez que pensaba en sus padres, tal vez porque no fuimos los típicos papás anclados a la rutina y el hastío que él, a pesar de todo, podría esperar.


Igualmente algo ha cambiado en él, y vendrá a visitarnos esta semana. Estamos algo nerviosos, porque nos dijo que quiere quedarse aquí, con su familia, pero nosotros ya estamos planeando el próximo viaje.





11 de abril de 2015

Signos vitales


Signos vitales es una recopilación de relatos, en donde cada signo está representado en un cuento corto, a mi subjetivo criterio. Son historias que no buscan ser espirituales, moralistas o ni siquiera filosóficas. ¡No buscan nada! Solo ser y con suerte dejarles algún sentimiento. 

Espero que les guste.
http://recordedreams.blogspot.com.uy/search/label/4.%20Signos%20vitales




4 de abril de 2015

Paredes y espejos

Un día Ernesto escribió un libro y el personaje de ese libro era escritor y le pasaban muchas cosas que a Ernesto también le habían pasado y estaba escrito con el corazón y cuando lo terminó se sintió bien.

Ernesto no era escritor, pero escribía. Había momentos en que sentía una presión como ajena y cuando quería acordar estaba con su cuaderno inventando historias y personajes, pero la mayor parte del tiempo hacia otras cosas y con sus historias no hacía nada, quedaban fríos en sus cuadernos. Era pintor de paredes, tenía un perro y le gustaba comer fideos con queso, de su vida no había mucho más que contar, hasta que llegó una mala temporada. Llovía mucho, había mucha humedad, no se podía pintar afuera y por eso pasaba mucho tiempo solo en su pequeña casa. Ya las paredes vacías comenzaban a reflejar su blanco hastío, cuando en una película algo se movió dentro de él. La película que Ernesto vio esa noche se trataba de un escritor, un perdedor que había escrito un libro exitoso pero que luego de 20 años no había escrito nada más porque no había vivido nada más. Se sintió identificado, y la vacuidad que sentía el personaje se fundió con la de él. Cuando la película llego a un nudo y a un final y terminó, el también llegó a un nudo, a un final y terminó.

Eran las tres de la mañana cuando apagó la televisión y terminó con su vida. Murió alegóricamente, dejó detrás su cascara hueca y salió a la calle. Allí se encontró con la vida. Estaba en la esquina a pocos metros de su casa, con forma de mujer. Ella lo miró y él se acercó. Le dijo que no tenía plata pero que solo quería salir a pasear con ella. Ella le respondió que no, porque estaba trabajando, pero que venga al mediodía que lo iba a esperar. El hombre deambuló por la ciudad como un fantasma borracho, se hizo la mañana y el mediodía y allí estaba él, en la esquina de su casa, esperando por su compañera, que nunca llegó. Con su soledad agigantada volvió derrotado y con sueño a su pequeña cama. Se durmió y soñó con niños que leían sus cuentos y le decían que querían ser escritores, como él.

Cuando despertó se puso a escribir, pero tardó 20 años en escribir un éxito y después murió. Pero he aquí que el éxito que escribió lo hizo famoso en todo el mundo y un día hicieron una película basada en su libro, y el actor que interpretaba el papel principal, el del escritor que quería publicar un éxito, se identificó mucho con el personaje, porque él también quería ser famoso. Su actuación fue memorable, y aunque nunca volvió a actuar a ese nivel, ni ha recuperado la fama que logró con la película, su papel le dio vida a la película, un brillo especial. Ese brillo fue el que inspiró a volver a escribir a una mujer que hacía mucho tiempo que no escribía y no era famosa, y no quería serlo. De hecho la mujer se sentía muy sola y volver a escribir la llenó tanto, que murió feliz, alegóricamente, por supuesto.


Claro que los poemas que escribía esa mujer, debieron ser editados, debió ser famosa, pero lamentablemente el resto del mundo se perdió de sus rimas. El punto es que la mujer soltó su cascara hueca y decididamente salió a la vida con un nuevo objetivo, conocer a Ernesto. Nunca lo encontró porque ya estaba muerto, pero en realidad se habían conocido una noche ahora lejana.




28 de marzo de 2015

Infantes

Esa tarde se vengó. Salió corriendo de la cocina y acuchilló a Miguelito por la espalda; así quedaría claro quien es el favorito del jardín y la maestra lo amaría para siempre.
¡Hoy los niños aprenden tan rápido!



22 de marzo de 2015

Y el gato sonríe

Había una vez una niña que se llamaba Alicia y vivía en el campo. Su mamá le había regalado un libro y ella lo había leído ávidamente en las tardes frescas y tranquilas de la estancia, a la sombra de un gran sauce. Los personajes eran fantásticos y divertidos; el conejo apurado, la oruga opiácea, el sombrerero loco y la reina de corazones habían empujado el límite de su imaginación y se sentía cada vez más en un mundo de maravillas. Rápidamente se encariñó con el personaje principal que se llamaba igual que ella y se dejó sumergir en las aventuras que página tras página la alejaban del aburrido mundo en el que estaba.

Una tarde, habiendo terminado el libro, la niña se quedó paseando por el prado de la estancia pateando piedritas, cantando y tocando los arboles ensimismada, hasta que de golpe se despabiló. Allí, en el suelo frente a ella, había un agujero. Era igual al que había imaginado, porque la Alicia del libro se metía en uno y era conducida al país de las maravillas en el que tantas cosas le pasarían luego.

- Es el agujero del conejo.- pensó Alicia y lentamente se acercó y vio que con esfuerzo su cabeza entraría.

Esa tarde, la niña aprendió una importantísima lección sobre la realidad y la fantasía, porque nunca más olvidó que al meter toda su cabeza en el sucio y húmedo agujero, una enorme rata de campo le mordió la nariz dejándole una cicatriz que cargó toda su vida.






14 de marzo de 2015

It's comming!

Me dijiste “¡Cuidado!” y yo me callé. Comparable al mirar de reojo al cruzar la avenida y ver un automóvil viniendo hacia mi. Rápido. Fugaz. En un segundo las conexiones condujeron electricidad y brilló la luz roja del miedo. ¡Alto! llegó tu transmisión a mi cerebro. Y me paré de puntas de pie, ojos brillando, dedos agarrados, hombros arriba.

No. Un oscuro, denso y contundente NO esparciéndose en la cabeza. El NO absorbió todo y nada quedó. Solo un vacío tenebroso, una falta total de reacción. Absolutamente nada. E imaginé espuma electrificada saliendo de mi boca.

Pasaron segundos, no. Años, décadas, siglos, milenios, eras... y yo ahí. Fijo. Pegado al aire. Oliendo la electricidad que sale de mi boca. Observando, acurrucado, la oscuridad de mi cerebro.

Lentamente algo brota, y del abismo surge un pensamiento racional. "El terror afecta mi estado físico, o prontamente lo hará si es que aún no lo ha hecho". Y sigue creciendo...
Ahora la humedad repugnante surgida del miedo al futuro cercano se extiende, y empieza a tapar el vacío oscuro, denso y eléctrico del NO original. Algo va a pasar... y saberlo racionalmente aumenta la velocidad de la invasión. El Miedo se apodera de todo.

Algo va a pasar... sé que algo terrible y humillante va a pasar. ¡Se viene la tempestad! ¡Se viene el fin del mundo!

Se viene...

Esta ahí... ahí nomás...



8 de marzo de 2015

En el borde de la cama

El tintineo volvía a despertarme, la alarma sonaba y otro día de pesada rutina me esperaba. Abrí los ojos y me sobresalte. Sentado en el borde de la cama, con su gorro verde, zapatos en punta y una larga barba blanca había un pequeño duende que me miraba muy seriamente.

Me incorporé con el corazón latiendo terriblemente y vi con terror y asombro como el pequeño duende estiraba lentamente la mano ofreciéndome su puño cerrado. Era evidente que quería darme algo y por unos segundos no supe si sentir miedo o curiosidad, pero algo ocurrió que no pude controlar; estiré la mano abierta hacia él y el duende dejo caer algo entre mis dedos. Aterrorizado y asombrado por lo que había hecho, vi como en un instante el duendecillo saltó hacia el piso y corrió hacia la puerta.

En la mano tenía un papelito arrugado que decía solamente "Ven", salí de la cama y lo seguí. Ese día no fue gris, ni blanco, o negro; fue verde.




28 de febrero de 2015

What goes around, comes around...



















“Sí, ¡oh príncipe! Aunque en tu ilusión y personal engreimiento creas que podrás eludir el combate, no escaparás de los lazos del deber a que tu karma te ata, y harás sin remedio lo que obcecado no quieres hacer.”
Bhagavad Gita

"No os engañéis. Dios no puede ser burlado. El hombre cosecha lo que siembra". 
Gálatas 6:7 (Nuevo Testamento)





18 de febrero de 2015

Piscis: A orillas del final

Ágilmente el viejo subió al ómnibus y se sentó junto a la ventanilla. El viaje era largo y el calor atrapado dentro de la lata se pegoteaba en la piel de la gente. De todas formas, por dentro él sonreía. En la ciudad había un malhumor tenso que chorreaba sudor y hedor por todos lados, y que en forma de saliva salpicaba repugnantemente la pálida piel del viejo. De todas formas, por dentro el anciano sonreía.

En el asiento de adelante había una mujer vieja que se quejaba del clima, le parecía insoportable el calor. Hablaba compulsivamente con su hija, que con auriculares puestos le contestaba, parada frente a ella, con movimientos de cabeza, para luego largar largas verborragias sobre la mala relación que estaba teniendo con su pareja, su marido le parecía insoportable. Era evidente por los tonos despectivos de las voces, que no comprendían el fundamento de sus mutuas quejas. Por eso se generaban silencios, luego de los cuales volvían a hablar solas una a la otra.

En uno de esos silencios, el viejo pudo escuchar a un hombre sentándose en el asiento de atrás, que con una voz ronca discutía violentamente por teléfono. No respiraba, insultaba y denigraba groseramente a una mujer, no paraba de destratarla, y aparentemente la mujer lo permitía, porque de no hacerlo hubiese cortado la comunicación. Largo rato estuvo vociferando groserías hasta que el hombre cortó y se dispuso a bajar del ómnibus. El olor a mugre emergió junto a él cuando se levantó del asiento, pero quedó flotando en el aire un rato más. En ese mismo asiento se sentó luego una chica, de la que el viejo pudo oír el llanto triste que vomitaba sobre su teléfono. Entre llantos ella decía susurrando "...pero yo te amo, yo te amo...", para luego continuar vomitando lágrimas.

Definitivamente era un día de esos en que la gente se contagia mutuamente su podredumbre. Demasiada podredumbre, que bajo el sol infernal del verano, genera vapores que inundan la ciudad. El viejo, inevitablemente olía y escuchaba, pero no dejaba de sonreír por dentro. Se acercaba a su destino.

El ómnibus empezó a vaciarse, el aire de mar empezó a circular y el conductor ahora apurado por llegar a la terminal en la playa, doblada furiosamente las esquinas, aceleraba, frenaba de golpe, volvía a acelerar. Cruzó las últimas calles y al fin abrió las puertas. La gente desesperadamente se arrojó hacia afuera antes que el conductor terminara de gritar "¡Destino!", mientras el viejo, tranquilamente tomó su bastón, bajó, respiró hondo y se alejó.

Caminó hacia la playa y notó que la arena estaba caliente, y que el sol hacía fuego en su piel. Lentamente, saboreando cada segundo, se acercó al agua y ésta besó sus pies. Estaba fresca. ¡Cómo le gustaba escuchar el mar!

Oía graznar cada gaviota, escuchaba cada risa de la playa, sentía cada ola en lo profundo de su ser. Su corazón latía. Emocionado y vestido como estaba se metió en el agua hasta que las olas llegaron a su pecho. Por dentro ya no sonreía, reía a gritos. 

Fue en pleno éxtasis que comenzó a oír que le gritaban "¡Señor, señor!". Dos voces preocupadísimas venían a él tan rápido como podían.

- ¡Señor! ¿Está bien, señor? Siendo usted ciego no debería ir tan profundo. -decía uno de ellos, mientras lo sacaban.

- ¡Debería estar prohibido que los ciegos vengan solos! -gritaba la voz del otro muchacho.

- ¡Son un peligro! Aparte esta playa es muy peligrosa, ¡esto no es un riachuelo, es el mar!

Mientras hablaban, los dos muchachos arrastraban al viejo fuertemente de los brazos, hacia la costa. Él salió sumisamente, aunque nadie pudo evitar que se sintiera feliz. Tenía lágrimas en los ojos, ocultas detrás de sus lentes negros pero su sonrisa estaba a la vista de todo el mundo.

Nunca había oído el mar en su vida.



14 de febrero de 2015

Prefiero no preferir

Prefiero no preferir. El tiempo dirá,
que piedra caerá sobre mi cabeza.

Atado como estoy a la vida en que nací
acepté el sacrificio hace mucho tiempo.

Entonces porqué habría de intentar
siquiera pensar, lo incambiable no cambiará.

Decido no decidir, porque no hay qué decidir.
No queda más que hacerme cargo y recibir el marronazo.

¿Tan triste te suena aceptar tu destino?
¿O el autoengaño te es más fácil?

No señor, prefiero no preferir.




7 de febrero de 2015

Burbujas

Pequeñas burbujas de aire viciado
¡Y tanto desperdicio!
Todas ellas van a dar
al baúl sin fondo del olvido.

Veo esta sangre oscura
perdida en la oscuridad
que rodea tanto desperdicio.
¡Tanto desperdicio!

Pero nada hago, inerte floto.
Observo esta manifestación
absurda, caótica, estúpida
de vida insuficiente
de tiempo insuficiente
de palitos y piedritas
que nunca jamás podrán
alcanzar.

Alcanzar.

No alcanzo.
Se elevan y no alcanzo.
Se desperdician...
Se desperdician...



31 de enero de 2015

El vaso lleno

En vivo veo caer
desde el borde de mis ojos
el ultimo vaso que ella me dejó...

Nada que hacer,
nada que oír, ver o sentir
más que este agudo pinchazo
que terminó con un mundo entero
y hecho trizas me dejó...

El tiempo querrá que haga
de muerte, vida.
Y yo no tendré nada que hacer
mas que levantarme
y llenar el cuenco de mis manos
y limpiar mi mente
y beber de la muerte
y encontrar vida



20 de enero de 2015

Acuario: La psicóloga que escribía

Cuando la noche cayó se dio cuenta que aun no había podido decirlo. Escuchaba las voces de la reunión desde la cocina, todavía sus amigos hablaban de temas banales, nunca parecía un buen momento. Volvió al living con las manos temblorosas sosteniendo la botella de vodka y el jugo de frutas, apoyó las bebidas lentamente en la mesita y se sentó apresurada. 

-No voy a escribir más. –dijo en vos alta.

Todos callaron y la miraron con ojos sonrientes creyendo que estaba siendo irónica, pero al ver la expresión de la Psicóloga, comprendieron que era cierto. Las pupilas se contrajeron, los parpados ya no pestañaron y las bocas se abrieron tontas y mudas hacia ella.

-No voy a escribir un libro de autoayuda nunca más. –reafirmó levantando la pera nerviosamente.

-¿Por qué no vas a escribir más? preguntó el colega que estaba frente a ella, en el sillón mas mullido de la habitación. Ella se tomó un tiempo para responder, sabía que nunca comprenderían, sabía qué reacciones esperar, sabía que tenía que decirlo.

-Sé que no me lo perdonarán, porque ustedes, a pesar de ser mis queridos amigos, mis más cercanos afectos, nunca podrán comprender que una persona inteligente y centrada como yo se dedique a la pornografía. Pero a pesar de la hipocresía que está arraigada en todos nosotros, no voy a dejar de ser fiel a mí misma, no voy a dejar de hacer lo que quiero. Voy a disfrutar mi vida.

Diez minutos después de haber dicho esto, quedaban en la casa de la Psicóloga tres mujeres. Así encontró ella a sus verdaderas amigas.




17 de enero de 2015

El fósforo

Prendo el fósforo
miro la llama
se apaga la llama
huelo el fósforo

Prendo el fósforo
miro la llama
se apaga la llama
huelo el fósforo

Prendo el fósforo
huelo la llama
me quemo la cara
apago el fósforo

No prendo el fósforo
no miro la llama
no se apaga la llama
no huelo el fósforo

Pienso.





10 de enero de 2015

Madame Pompidou

Madame Pompidou se ha recostado.
Sobre sus sabanas de seda está.
Ella sabe que hoy no habrá
siesta de belleza mazoquista
ni tarde placentera y floral.

Se esconde, ella se esconde
en el palacio azul donde es la Reina.
Pero sus ojos deciden llorar
éstas lagrimas puras que hoy veo
por el hueco de la cerradura.





28 de diciembre de 2014

No, marciano

Trágate tus palabras, marciano
tu no tienes arte ni parte en este juego.
A bailar no te ha enseñado
el que tira de las cuerdas.

Brillan tus ojitos veleidosos.
Brillan tan ilusos, tan ilusos.
Viendo esta orgía psicótica,
queriendo entender,
queriendo entender.

¡Pero no! No, marciano.
Cuanto antes lo tengas claro
mejor será tu viaje.
Para ti no está hecha
ésta vida en la tierra.





21 de diciembre de 2014

Capricornio: Todo quería

Ella era de las que no se detenían ante nada. Todo lo quería y tarde o temprano, con su astucia, su cuerpo o su suerte, su deseo se convertía en realidad. Si, ella era una mujer fatal, no cabe la menor duda.

Un día, habiendo seducido con sus sortilegios a un empresario rico y poderoso, se vio a si misma viviendo en una mansión llena de muebles antiguos, alfombras persas y columnas de mármol. Con su vestido de princesa a medio poner, se vio en un espejo de princesa y creyéndose una princesa se sonrió feliz. Pero poco duró su mueca, porque era vacía, y pronto se llenó de tristeza y melancolía, se transformó en un balbuceo y luego en un aterrorizante grito de desesperación, reprimido, porque no emitió sonido.

Ese día se dio cuenta que quería amar y no podía. Ese día envejeció tanto, que murió arrugada y empequeñecida frente al espejo de princesa.

En la tarde, su esposo entró a la habitación pero ella estaba tan pequeñita que no la vio y siguió de largo. Esa noche, solo en la cama, el desconfiado empresario no podía dormir: “¿me habrá engañado?” pensaba.



15 de diciembre de 2014

Piel herida

Letra turbia, turbia y roja
Sangre roja, piel herida
Marca clara que alucina
y se abre sobre sí.

El oráculo que se espera
de la virgen que efervece
duele como al que mira
eternamente sin parpadear.

Ella mira a esos Dioses
vengativos, vengadores
que de lenta vejez matan
a todo el que se interponga.

Y se lee en sus gestos
en su mutismo tan cerrado
el temor, el terrible temor
por la muerte tan cercana.

Y se escucha la caída
que retumba en la sala
y los hombres se preparan
¡A las armas, a las armas!





6 de diciembre de 2014

Cariocas

Cariocas en la tele
cariocas en el mar
cariocas donde mires
te quieren manosear.

Mujeres no mujeres
se visten y se van
que quieren ser cariocas
que quieren no pensar.

Orgías en las ropas
orgías en el bar
no queda nadie suelto
que quiera escapar.

Hormigas que vomitan
el pan que verde está
podrido por los hongos
por las calles libres van.

Te queda un refugio
que aún no se vendió
que no se prendió fuego
por la nada de incendiar.

En el pozo negro
de tu sucio corazón
hay una escalera
que baja hasta vos.

Cuando bajes a esconderte
te podrías preguntar
¿Qué carajo quiero?
¿Esto es la libertad?






22 de noviembre de 2014

Sagitario: Estoy bien

Nunca me vanaglorié de mi capacidad de ver el futuro. De hecho, pocas personas saben de mis presagios y de la paradoja: no puedo adivinar mi propio porvenir. Cuando ocurre vienen a mí imágenes, sensaciones, sonidos que aglutinados golpean mi corazón y mi estómago, dejándome por un segundo fuera del tiempo y del espacio. No es un don, es una maldición, una carga que siento más pesada cada vez que veo ocurrir lo que presagié. Es inevitable, lamentablemente nunca fallo.

Hace poco volví al barrio, visité a mis padres, les conté lo bien que van a estar cuando se muden y se enojaron. Una cantaleta sobre que me-fijara-en-mí-propia-vida-y-deje-de-mirar-y-condicionar-las-vidas-ajenas recibí a cambio de mi visión. Creí que ya habían decidido mudarse, pero no era así. Con un gusto amargo en la garganta y tristeza en el corazón me fui yendo, despacio, hacia la parada del bus. Allí me encontré con ella.

La conozco desde pequeño. Siempre fue igual en la escuela, en el liceo y en el barrio. Una niña de porcelana, educada, ajena al fango que la rodeó toda su vida, de mirada firme y paso acelerado, jamás la había visto sola. Era la líder del grupo y las otras niñas siempre la seguían agachando la cabeza. Todos sabíamos que era adoptada pero lejos de jugarle en contra, la hacía más especial. La niña de porcelana era ahora una mujer alta y seria. Con sus labios apretados en una fina línea parecía no haber cambiado nada, excepto su tamaño.

Cruzamos miradas.

-¿Cómo estás? –pregunté.

-Bien –me dijo delineando una sonrisa apenas perceptible y sentí una bocina aguda en mi cabeza. Vi todo.

Sentí en mis tripas su futuro enamoramiento, su mudanza, su embarazo, vi a su primer hijo, luego la adicción al alcohol y las pastillas que mantendría a escondidas, luego un intento de suicidio, discusiones con el esposo, negativas a ir un psicólogo, “estoy bien, estoy bien” decía a los gritos, y de fondo siempre el mismo problema. Siempre dijo y dirá “estoy bien”, pero por dentro el monstruo que guarda encontrará siempre una nueva manera de destruirla. Las discusiones terminarían en un divorcio, un viaje de regreso al barrio y una vejez llena de terquedad y falso optimismo. Las personas nunca cambian, en el fondo nunca cambian.

Esta visión, la más funesta de todas, vino a mí arremolinadamente en un sólo segundo de vértigo, nausea, éxtasis, dolor, euforia, tristeza e ilusión. Todo mezclado en ese segundo, como siempre, pero esta vez fue también un flechazo directo a mi parte más blanda. Me pegó en los ideales. Comprendí que me casaría con ella, inevitablemente.

¡Sí, yo! Yo, que nunca me casaría y nunca tendría hijos, yo, que mantendría mi palabra toda la vida. No pude evitar verme en ese presagio fatal casado con ella, tuve que ver mi derrota y sentir en el pecho como ambos nos destruíamos mutuamente, año a año, en un declive lento y solitario.

-¿Y vos? ¿Estás bien? –me preguntó.

- No, no estoy bien- dije y me fui de allí corriendo.

No paré de correr por mucho tiempo. Al fin me detuve, poniendo mis manos en las rodillas, sudando y sin aire. Mis rodillas temblaban, me sentía frente a un abismo muy profundo. No fue mi intención quedarme allí, así que salté.




15 de noviembre de 2014

El mago y su pañuelo

Jirones, hice jirones
y de los trapos uno quedó.
Pero no importa, siempre hay
y habrá, tela que robar.

Vean mis manos señores
aqui no hay nada, nada hay.
Mangas remangadas, el show se armó
y blanco el pañuelo voló.

Miren ahi vá, es libre señores
se volvió paloma y huyó.
Pero soy un mago de aplausos baratos
y el mejor truco se me escapó.





4 de noviembre de 2014

El barco fantasma

Le pega en el pecho la ola furiosa
al barco fantasma que vá...

Remonta montañas de agua marina
sin miedo al tifón o la soledad...

Oleadas abajo lo lleva la furia
una astilla perdida es lo que es...

Ni soles ni estrellas que guíen su ruta,
en la tormenta, el barco vá...

Su océano eterno, no espera ni un puerto
o al fin del mundo caer...

Solo cruzar la tormenta perpetua
oírlo todo, ver y ser...





1 de noviembre de 2014

Salitre en el aire

Lleno este vaso con fuego
Lo bebo para ver mejor
borrosas siluetas perdidas
que nada son.

Forzados nos vemos, sabemos
tirantes cadenas rechinan detrás
nos atan a un sol naciente
a la fé del amanecer

Yo te ofrezco este vaso vacio
repleto de aire de mar
para que leas con el mi mente
y veas mi fé nacer

Y creo sin castigarme
sin convulsiones yo creo
por eso bebí este vaso
de fuego, de vos.




23 de octubre de 2014

Escorpio: En un rincón poco iluminado del cuarto

Todavía estoy sentado en mi cama. La fiebre ha mejorado un poco, así que puedo describirles lo que ocurrió. Hoy, cuando la noche recién comenzaba, cuando mi gripe estaba en su peor momento y la fiebre embriagaba mi conciencia, me encontraba mirando atentamente la pared. En cierto momento percibí la presencia de alguien por el rabillo del ojo, y al mirar bruscamente hacia ella, me sorprendí.

Nunca la había visto así en mi vida. Durante años estuvo allí cerca de mí, a mi alcance, a mi disposición, y nunca, nunca en mi vida había reparado en ella como en ese momento. Durante horas la contemplé, o mejor dicho, nos contemplamos. Dejé de atender mi tos, ya no me importaba sentir la cara hinchada por la alergia, y ni el dolor punzante en mi cabeza que oprimían mis pensamientos podían hacerme dejar de mirarla. Pasaba la noche y allí estaba yo, sentado en mi cama, temblando y observando cada detalle, cada expresión, cada sentimiento... Era algo increíble, yo estaba fascinado. ¿Pero cómo explicarles esa sensación sin que piensen que estoy enloqueciendo? Primero voy a describir lo que ella provocaba en mí: repulsión.

Su sonrisa gorda y juguetona saltaba a la vista todo el tiempo. Era una boca fea, como hinchada por tanto uso, y que pretendía ser provocativa y sensual, pero fracasaba abiertamente, además, el color de su cuerpo lo empeoraba todo.

Lo primero que resaltaba de su figura era ese color. Ese brillante y encendido rojo que hacia juego con su carnosa boca. Era un rojo ardiente y sensual que brillaba en mi pálido cuarto como un fuego venido del mismo infierno. Era un rojo muy provocativo por sí solo, pero en ella era horrible. Daba impresión verlo en un cuerpo tan feo y amorfo, tan chato y poco excitante. Al fin de cuentas no hacía más que resaltar esa imagen de deseo que ella sentía por mí, pero no al revés. Es decir, a esa altura de mi observación, yo creía firmemente que ella me deseaba, que me amaba tanto que necesitaba mostrármelo de esa manera. Y a mí en cambio, como ya he dicho, me repugnaba la imagen que veía. Yo nunca podría querer esa piel tan gruesa, y esa anchura general que tenía su apariencia.

Pero tampoco me gustaba esa actitud que mostraba, esa calentura que rozaba la perversión. Esta "cosa" tenía definitivamente la libido muy subida, y su bizarra fealdad me parecía cada vez más repugnante.

Pero sin embargo no podía sacarle los ojos de encima. Seguía fascinado.

Allí estaba ella, en el piso, en un rincón poco iluminado del cuarto, pero emanando esa energía poderosa sobre mí. Y ya no lo toleraba mas, me había hipnotizado, había caído en su trampa fatal. Sin siquiera decir nada, sin siquiera moverse, ella iba absorbiendo mi alma por los ojos. Minuto a minuto sentía su orgullo crecer y mi espíritu morir, sentía que perdía una batalla, que perdía la vida. Y sin embargo ella estaba ahí, quieta y en silencio, como siempre estuvo, mirándome. Y yo seguía en mi cama tosiendo y temblando, muriendo por dentro y por fuera, mirándola.

De golpe cerré los ojos. Mi mente nublada no daba a basto, la fiebre me había dejado atontado. Pensaba lenta y frágilmente que hacer. Luego de un buen rato tome una decisión.

Las frazadas pesaban veinte kilos cuando las corrí y mi cuerpo tembloroso apenas podía moverse, así que realmente me costó mucho salir de la cama. Estuve un momento parado soportando el mareo, y luego de varios segundos abrí los ojos. Me dirigí al rincón poco iluminado del cuarto, agarré la palangana roja y la saqué afuera, al patio.






17 de octubre de 2014

La estrella


Ella vuelca la jarra de aguas sagradas
sobre la tierra ajada e infértil.
La miro verterla acurrucado y salvaje
con ojos de ave deseando carroña.
Mientras el agua pura se deja caer
la bella mujer sonríe iluminada
muestra ante mis ojos sus divino sacrificio
alimenta la esperanza enseñándome a ver.

No quiero resistir, quiero soltar
estas cadenas de estúpida convención.
No quiero mirar, yo quiero ver
desnudas las almas, desnudo el corazón.
No quiero beber, quiero limpiar
con pureza cristalina el barro mundano
El puerto me espera, el barco se va
subamos ahora que aún hay tiempo.



























Pintura: Vito Campanella

9 de octubre de 2014

Escucha y espera

Soplo de polvo gris
seco, amargo, tentador.
Sangre sin papel
donde derramarse.

Profundos surcos
en la piel quemada.
Vieja sal de mar,
viejo marinero de sal.

Ese que te habla ahí
parado como siempre
tragando su seca fé
mientras cruje la madera.

Oye los mismos gritos
oye los mismos tambores
que te impulsaron a dar
algo rojo desde adentro.

Espera,
no espera más.





23 de septiembre de 2014

Libra: La conexión

... luego del temporal que hizo noche a los días todo parecía bombear adrenalina... todo... los motores de los autos... los postes de electricidad... las veredas rotas... y él... él esperaba...

... el mundo cambió... como si hubiese pasado por un túnel oscuro y ahora saliese henchido y deslumbrado hacia la luz refrescante...

... por la ventana él miraba a la calle... hacía días que miraba, sentado, oliendo las veredas ahora humeantes clamantes por el sol... sí... el hombre esperaba por el sol... y pensaba...

... pensaba... "si fuera ese árbol me desperezaría, si fuera ese pasto bailaría, si fuera esa hiedra correría... pero soy una piedra, una estatua que espera por el sol"...

... y pensaba... "si fuera un perro ladraría, si fuera un pájaro me bañaría, si fuera un niño saldría a jugar... pero soy una estatua, una estatua de piedra que espera por el sol"...

... y seguía pensando... "si fuera esta silla me desarmaría, si fuera el vidrio de esta ventana me astillaría en mil pedazos, si fuera esta pared me desplomaría al suelo feliz... pero soy una estatua de piedra que espera por el sol"...

... hasta que en cierto momento el sol asomó sus rayos y todos juntos, la ventana y la vereda y los motores y los árboles y los pastos y los perros y los niños y los postes de luz gritaron ¡Gracias! en su idioma y el hombre que estaba sentado se levantó y muy cansado estaba y como tenía tanto sueño, se fue a dormir...



















Pintura: Pierre Oeuvray